En los últimos años ha habido espectaculares vertidos a nuestros ríos que han merecido la atención de la prensa. En los alrededores de la capital, en Almazán, en Almarza, en El Burgo de Osma... han aparecido en el agua manchas de varias clases y cientos de peces panza arriba. Sin embargo, a pesar de que el origen era en ocasiones evidente, nunca ha habido sanciones. Por desidia, por incompetencia, por intereses políticos o económicos... el caso es que la destrucción del medio natural rara vez se sanciona de forma disuasoria. Y eso que ya sabemos que la contaminación de los ríos puede afectar a la salud pública, pues los vertidos arriba del azud de Buitrago dificultan la potabilización del agua de la capital y los que se van sumando más abajo repercuten en el abastecimiento de la comarca de las Vicarías.
Pero aún mayor importancia que estos vertidos
ocasionales tienen los vertidos continuos de aguas residuales
urbanas que desde hace décadas echan a los cauces nuestros
pueblos. Aunque menos aparatosos, su persistencia ha ido incorporando
a nuestros ríos y embalses, además de sustancias
directamente tóxicas, miles de toneladas de materia orgánica
que han alterado los lechos y eutrofizado las aguas, al no poder
ser asimilada en esas cantidades por el medio natural. Hubiera
sido muy fácil controlar todo esto, pues se conoce perfectamente
dónde salen los colectores y basta con hacer análisis,
subvencionar depuradoras (que funcionen) en algunos casos e imponer
sanciones a los reincidentes. Pero para ello habría que
contar con unas Confederaciones Hidrográficas y una Consejería
de Medio Ambiente con ganas de hacerlo, lo que es pedir peras
al olmo.
Por no remontarnos más atrás, desde la Ley de Aguas
de 1985 y el Reglamento del Dominio Público Hidráulico
de 1986 las Confederaciones Hidrográficas son las que dan
los permisos de vertido, exigiendo en la concesión que
se cumplan una serie de requisitos analíticos. El Ayuntamiento,
industria o particular está obligado, en teoría,
a hacer análisis, como poco anualmente, que demuestren
que su vertido cumple con la autorización concedida. Actualmente
la normativa europea sobre vertidos de 1991, traspuesta a la española
siempre con retraso entre 1995 y 1998, viene a mejorar y ampliar
las exigencias para los vertidos. Pero la Confederación
suele estar demasiado ocupada destruyendo ríos como para
entretenerse en estas cosas, así que siempre hace la vista
gorda.
Por otra parte, y sin ser exhaustivos, hay distintas leyes, como la de las calidades exigibles a las aguas superficiales destinadas a la producción de agua potable, de 1988, o la ley de Pesca de Castilla y León, de 1992, que, por estar implicado el medio ambiente o la salud, exigen unos requisitos analíticos a las aguas. Las concentraciones máximas de distintas sustancias que se toleran para que las aguas superficiales tengan la calidad adecuada se ven aumentadas directamente por los vertidos, pudiendo exceder los límites admisibles. Es decir, que todas las administraciones, empezando por la local, tienen competencias para conseguir que los vertidos a los ríos cumplan unas normas muy claramente definidas. Sin embargo, salvo circunstancias excepcionales, los vertidos ni se controlan, ni se analizan ni se sancionan, pase lo que pase.
Hemos visto este verano cómo algunos representantes de
ayuntamientos ribereños y otros cargos públicos
se lamentaban, subiéndose apresuradamente al carro de los
movimientos ciudadanos, por la situación del río
Duero, como si la cosa no fuera con ellos. El subdelegado del
Gobierno, repitiendo el manual dictado por el ministro Matas e
ignorando que las leyes sobre vertidos obligan a depurar desde
hace muchos años, vinculaba la construcción de las
depuradoras del Duero al Plan Hidrológico Nacional, pues
con algo hay que adornar un Plan Hidrológico que es un
desastre económico, social y ambiental. En fin, sollozos
a la ribera del río que recuerdan a las lágrimas
de los cocodrilos.
Para conocer y controlar los vertidos hay que
analizar su carga contaminante. Esto debería hacerse de
manera regular para saber si las depuradoras funcionan, pues no
basta con que estén hechas. Tienen que ser sistemas adecuados
y bien mantenidos. Como en la provincia, salvo en la capital,
no hacen nunca o casi nunca análisis de vertidos ni los
ayuntamientos, ni la Junta, ni las Confederaciones Hidrográficas,
en ASDEN hemos gastado parte de nuestros escasos ahorros (no parece
probable que nos den ningún tipo de subvención)
en conocer mediante una modesta aproximación las características
de algunos vertidos del norte de la provincia.
El objetivo último es informar al ciudadano
sobre las causas que pueden influir en los episodios de mal sabor
del agua de consumo o la degradación de la vida acuática
de nuestros ríos. En el futuro pretendemos ampliar el estudio
a otras zonas. El interés en empezar por el norte de Soria
se debe a que nos permite evaluar las depuradoras recién
construidas y a que los vertidos repercuten tanto en puntos de
abastecimiento importantes, como en las cabeceras de varios ríos
y en las áreas de influencia de espacios naturales. En
parte por algunos de estos motivos se ha declarado como Zona Sensible
la que corresponde a las aguas que vierten al río Duero
desde su nacimiento hasta la capital. En las Zonas Sensibles las
exigencias para los vertidos son mayores.
En las tablas que adjuntamos aparecen los resultados
obtenidos en las muestras que enviamos al Instituto Municipal
de Salud Pública de Zaragoza. La Demanda Bioquímica
de Oxígeno en 5 días (DBO5) y la Demanda Química
de Oxígeno son parámetros clásicos que miden
la carga orgánica, biodegradable o total, del vertido.
A la derecha de las concentraciones obtenidas se expresa el porcentaje
en que dicha medición excede a los valores autorizados.
Por ejemplo, un 640 % equivale a decir que la concentración
de determinado parámetro es 6,4 veces mayor que la que
autoriza la ley y sólo los parámetros por debajo
del 100 % (en negrita) se ajustan, en rigor, a las especificaciones
autorizadas.
Como puede, verse ninguno de los vertidos cumple con la normativa
vigente, tanto si son de aguas residuales que no reciben ningún
tipo de tratamiento como si proceden de algunas de las depuradoras
de reciente construcción, lo que resulta, una vez más,
escandaloso. Sin embargo, entre las poblaciones que hemos analizado,
hay que felicitar como excepción a Sotillo del Rincón,
donde se ha construido una Estación de Tratamiento de Aguas
Residuales (ETAR) bastante eficaz y que consigue un vertido aceptable.
En el otro extremo está Garray, nuestro premio a la
contaminación de este año, seguido muy de cerca
por Almarza, Covaleda y Duruelo. En muchos pueblos, como San Leonardo
o Vinuesa, los resultados son engañosos y la realidad será
bastante peor, pues los colectores reciben un caudal importante
procedente de arroyos cristalinos que diluyen la porquería,
falseando los resultados del vertido propiamente dicho.
En cuanto a Soria capital y a pesar de sus instalaciones,
falla sobre todo en los Sólidos en suspensión y
en el Fósforo, con resultados aproximadamente seis veces
superiores a los valores permitidos. Hablando del Fósforo
total, nadie consigue pasar el examen. Conviene recordar que el
Fósforo es un parámetro muy importante que se utiliza
como indicador de la eutrofización de las aguas. Según
el criterio de la OCDE, la barrera entre la mesotrofia y la eutrofia
en un embalse está en 35 microgramos/litro. Con los aportes
de fósforo que se están haciendo a los ríos
mucho nos tememos que las cianotoxinas sigan suponiendo un riesgo.
Hay que plantearse que las infraestructuras que
necesita la provincia deberían empezar por unos sistemas
eficaces de tratamiento de las aguas residuales. Las infraestructuras
mentales que hacen falta para que las administraciones responsables
de los vertidos cumplan y hagan cumplir las normativas sobre vertidos
son harina de otro costal. Hace años que se ha ido aplazando
una y otra vez la construcción de las depuradoras prometidas
en Almazán, Burgo de Osma y Zona de Pinares. En esta última
comarca la presión ciudadana ha obligado a los políticos
a plantear un proyecto mucho más ambicioso que el original
¡de 1994!, pero no sabemos cuándo realmente se ejecutará.
Y, sobre todo, habrá que comprobar que funcione.