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La vegetación de las ciudades y pueblos de Soria en tiempos del COVID-19

19-05-2020

Los terrenos urbanizados son el hábitat de la flora ruderal que en estos momentos podemos conocer y disfrutar, y cuya “limpieza” no puede ser una medida general que requiera de sustancias químicas tóxicas.

En estas semanas que hemos recorrido con intensidad el entorno más próximo a nuestras viviendas, sin prisas ni ruidos, nos ha llamado la atención esas plantas y flores que aparecían en los alcorques de los árboles, en descampados y solares; y en las grietas de las aceras y juntas de los edificios.

Las formas de estas plantas son muy diversas, unas minúsculas, discretas y fugaces; y otras más grandes y exuberantes; cada una buscando una ubicación. Pero en general todas se corresponden con una capacidad para colonizar terrenos con muy escaso suelo o suelo muy alterado en el que no tienen que competir con otras plantas (o ser alimento de animales) y donde sus formas de reproducción les permiten llegar y sobrevivir.

A estas planas las etiquetamos como flora y vegetación ruderal, y están asociadas a terrenos urbanizados y gravemente alterados (escombreras, cunetas, bordes de camino, etc.).

Identificar estas plantas es un reto de conocimiento de la naturaleza y una oportunidad para adentrarnos en la botánica. Con sólo fijarnos en sus frutos y semillas descubriremos la diversidad de familias botánicas, su ecología (interacción con insectos, estrategias de propagación, factores de desarrollo, etc.) y etnobotánica.

También podemos encontrar otro tipo de plantas, la denominadas adventicias que aprovechan las favorables condiciones de jardines y céspedes donde sobreviven a las labores de los jardineros, a pesar de que muchas veces son una pincelada de color y atractivo natural.

En cualquier caso, podemos descubrir curiosidades como son algunas orquídeas autóctonas naturales en un césped.

A esta vegetación se suma la “flora natural” que crece en le periferia del casco urbano no gravemente alterado.

La relación de estas plantas con la sociedad humana es contradictoria:

-Son un elemento de biodiversidad, favorece que haya polinizadores, aves, etc.

-Son un indicador de la salud ambiental, porque en su organismo acumulan elementos y sustancias tóxicas.

– Crecen muchas veces en lugares inoportunos o que nos generan problemas, pero no siempre.

– Tenemos una percepción estética siempre negativa, que nos lleva a considerarlas como “suciedad” que exige “limpiar” irracionalmente, sin considerar su coste/beneficio o salubridad de las medidas adoptadas.

Por todo esto os proponemos que os fijéis en ellas, dónde crecen y en qué lugares su presencia es negativa, positiva o neutra; y si la cuestión se resuelve con un mantenimiento que favorezca sus ventajas y reduzca sus perjuicios.

También os proponemos que comprobéis los sistemas de eliminación que usa vuestro ayuntamiento. En el caso de que sean herbicidas, ten en cuenta sus efectos contaminantes y el dicho popular “peor es el remedio que la enfermedad”; divúlgalo a través de redes sociales y pide información a tu ayuntamiento sobre qué productos químicos usa.

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